20 de julio de 2026
Nada es perfecto, la final nos enseñó a ser dignos en la derrota
La Copa del Mundo en manos de España nos dejó la nostalgia de un pasado que ya no volverá. Del “fútbol total” de Qatar 2022 a la épica de 2026 y un eterno agradecimiento
No podía ser tan perfecto. Nada lo es. Ni siquiera Messi. Todos pierden más que lo que ganan. Ya lo dijo Manu Ginóbili alguna vez. Hasta Michael Jordan perdió más de lo que ganó. Todos soñamos con un final de película.
Soñamos que la última función de Leo (si es que fue la última) fuese levantando la Copa del Mundo nada menos que ante España, el país que lo cobijó después de haber dejado Rosario; ante el bebé al que bañó en un fuentón 20 años atrás; contra Madrid, que siempre le fue hostil.
Lo vimos levantarse tras la crítica, en la soledad del caos de aquella AFA acéfala, seguir tras las comparaciones que siempre lo incomodaron; lo vimos ganarle una final a Brasil en el Maracaná, dos Copa América seguidas y, en el medio, un Mundial a Francia, justo cuando jugaba en París; contra Mbappé, con un baile que vimos pocas veces. Cómo no soñar con que había algo más.