31 de marzo de 2026
San Cristóbal: una estampida juvenil en el calor infernal, bicicletas que esperaron en silencio y la bandera que quedó a medio subir
Una mañana tórrida de fines de marzo pasó de todo. La muerte, camuflada en el caño de una escopeta en manos de un chico de 15 años, transformó para siempre el aire del lugar
Una mañana tórrida de casi abril, el espanto irrumpió en la calma habitual de un pueblo que hoy no reconoce su propio rostro. Entre vidrios estallados y pertenencias abandonadas, la comunidad educativa de la Mariano Moreno, en la norteña San Cristóbal, intenta procesar una tragedia que dejó las aulas vacías y el miedo instalado en el patio.
Llegar a San Cristóbal este 30 de marzo de 2026 es encontrarse con una escena que parece detenida por un hechizo cruel. La primera sensación es la de una consternación muda: la gente se mira, pero sobran las palabras. En los pueblos donde todos se conocen, el dolor de uno se vuelve el aire que respiran todos.
Al acercarse a la escuela, la imagen es desoladora por lo que falta y por lo que quedó. La bandera permanece sin izar, un mástil desnudo que se convierte en el símbolo más potente del luto espontáneo.
En el patio, el tiempo se congeló. Las bicicletas de los pibes están ahí, cada una en su lugar, alineadas como si en cualquier momento sus dueños fueran a salir corriendo al recreo. Pero los dueños no están. Sus dueños escaparon por la urgencia de la supervivencia. Incluso varios se acercaron en diferentes ocasiones hacia la puerta de la escuela preguntando cuándo podrán retirar su mochila y su celular.
